Los espectadores son consumidores.

Los consumidores eligen una marca u otra cuando reconocen en ella un vínculo emocional que les lleva a elegir esa marca (Edward Bernays en The century of the self).

Las televisiones privadas viven de la publicidad (los anunciantes).

Los anunciantes deben conocer a través de sus agencias la reacción de los espectadores hacia su marca, que vínculo emocional les sugiere.

Los espectadores de televisión actúan de forma pasiva, los usuarios de redes sociales de forma activa.

Según HubSpot, la mitad de los usuarios de Twitter comenta los programas de TV.

Los anunciantes quieren llegar al máximo de clientes potenciales, pero también que esos clientes potenciales tengan un target comercial interesante. No tiene la misma importancia la cantidad de espectadores, que la "calidad" de esos espectadores.

A mayor capacitación tecnológica más crítico es el usuario. Por tanto, el hueso más duro de roer para los anunciantes son los usuarios de redes sociales.

Al usuario con alta capacitación tecnológica utiliza más ordenadores, tablets, smartphones, etc, que un usuario con baja capacitación tecnológica (si no lo saben usar probablemente es porque ni lo tengan (compren)).

En Mad men nos recordaron en un episodio como se elegía a un personaje de color como protagonista de un anuncio para tratar de fomentar al consumidor negro, en alza.

Cualquier medio de comunicación, privado o público, sea cual sea su línea editorial, tiene especial cuidado con los temas que pueden influir en los intereses de su grupo empresarial, ya sea la fórmula 1, Berlusconi, las noticias políticas, o los libros que edita la editorial de su grupo. ¿Ha existido hasta ahora la libertad de expresión al 100%?, ¿o lo que no se cuenta forma parte únicamente de un despiste, más que de un "no es adecuado"?

¿Hipocresía o el modelo que ha funcionado desde el inicio de los medios de comunicación?

Creo que es más sencillo aceptar que hay un nuevo modo de comunicarse con los espectadores, y que debemos de ser precavidos y tener capacidad de escuchar y aceptar las críticas sin acabar insultando a las redes sociales (y por tanto a los espectadores, es decir, a los posibles consumidores para los anunciantes), que hablar de falta de "libertad de expresión" y de "hipocresía".